CHILE: CURRÍCULUM, DIDÁCTICA Y RESULTADOS EDUCATIVOS EN
CIENCIAS
¿Por qué insisto en la enseñanza de
las ciencias a través de un entramado de didáctica general? Según un informe de
la UNESCO, en Bahamas “las pautas del currículo científico para la educación
primaria, utilizadas en combinación con materiales didácticos y estrategias
pedagógicas recomendadas, responden a diversas necesidades de los estudiantes”
(Ann, 2006: 14). En este sentido, el mismo texto menciona que resulta
imprescindible se releve los contextos como un factor determinante para el
interés de los estudiantes, en torno a la adquisición de competencias científicas
y tecnológicas (Ann, 2006). Asimismo, se asevera que en Jamaica, incluso, entre
diversas asignaturas, los alumnos pueden optar a una de “Tecnología de la
Información”, cuya evaluación puede ser tanto formativa como sumativa (Ann,
2006), lo que la hace más atractiva, ya que los estudiantes no sentirían la
presión por estudiar para la prueba sino que habría un acercamiento tecnológico
de manera más libre. Carolina Moreno, en tanto, asevera que el primer nivel
taxonómico de los modelos de difusión científica sería el avizorar la ciencia
como cultura, lo cual indica que el conocimiento científico debe divulgarse de
manera didáctica.
Lo anterior no sólo adquiere
importancia desde la didáctica, sino también desde el currículum, ya que no
sirve de nada un diseño curricular técnicamente perfecto, si en la praxis la
implementación del mismo ha de encontrarse con barreras que no permitan a los
profesores cristalizarlo en el aula con éxito. En relación a esto, la gestión
del currículum de ciencias –y cualquier otro currículum–, debe necesariamente
considerar la gestión de aula como un elemento crucial. El diseño a nivel micro
(es decir, la planificación de la enseñanza) y la evaluación (cualquiera sea)
no tienen sentido si, in situ, la
relación profesor-estudiante no genera un conocimiento de manera fruitiva (no
hay que olvidar que las bases epistemológicas del currículum nacional de Chile
se posicionan desde la praxeología y, por tanto, desde el constructivismo). Es
así que “el diseño de unidades temáticas, el manejo de la clase o su
organización resultan de bastante interés para un profesorado que encuentra en
ese contexto cercano el auténtico escenario en el que se desarrolla su
experiencia profesional (Pozuelos, 2008: 121; en: Herrán y Paredes, 2008). Es
por esta razón que el autor sostiene que plantear un currículo atractivo para
el alumnado constituye un verdadero desafío para los profesores, ya que “el qué
enseñar no es independiente del cómo llevarlo a cabo” (p. 122).
La situación en la educación
formal de las ciencias en Chile pareciera mantenerse en un status quo, pese a las opiniones más optimistas de colegas y
estudiosos sobre el tema. Primero que todo, según la Matriz de Evaluación Teórica
del SIMCE de Ciencias Naturales de 2013, la prueba mide en diferente magnitud
los diferentes ejes que plantean las bases curriculares: Ciencias de la Vida
55%; Ciencias Físicas y Químicas 25%; Ciencias de la Tierra y el Universo 20%
(MINEDUC, 2014: 16). Esto equivale a decir que el uso de las TIC no son medidas
por el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE), por tanto, se
podría perfectamente pensar que no constituyen un requerimiento sine qua non
para la enseñanza de las ciencias. Es verdad que el SIMCE es una evaluación
estandarizada cuestionada, hoy por hoy (así como lo están siendo todas las
evaluaciones estandarizadas del mundo), sin embargo, es el sistema hay en el país para dar cuenta de la calidad de la educación que reciben
nuestros estudiantes. Siguiendo esta línea, en el año 2013 el SIMCE de Ciencias
de 4° Básico a nivel nacional bajó 4 puntos en promedio, en relación a la
evaluación anterior. Si bien, 4 puntos de diferencia no es estadísticamente
significativa para el sistema de educación, si se toma en cuenta la cantidad de
recursos de que disponen los colegios a través de la Subvención Escolar
Preferencial, SEP, -y para citar un ejemplo concreto: un establecimiento de
entre 700 y 800 alumnos con vulnerabilidad de una comuna de GSE
medio-bajo, recibe al año aproximadamente unos $50.000.000 “adicionales”-, con
el objeto de invertirlos en Tecnología, laboratorios de diversa índole y en
profesores especializados (MINEDUC, 2015), no es una cifra alentadora para el
país, ya que a lo menos –a mi juicio– esos 4 puntos debieran ir al alza y no a la
baja.
En suma, considero que estos
resultados educativos no son, en ningún caso, azarosos. Son el resultado de un
proceso de enseñanza-aprendizaje concreto. Mis interrogantes, entonces, son
varias: ¿cómo está siendo ese proceso? ¿Se condice con lo que el alumnado
actual demanda? ¿De qué manera se integran las TIC en el aula de ciencias? ¿Existe
una sinergia en la gestión del currículum de ciencias: planificación, gestión
de aula y evaluación? Si es así, ¿por qué no se evidencia una mejora sustantiva
en los resultados?...
Por PCR
Pedro que interesante tu post. Realmente las bases curriculares, actualmente, no sólo se alejan de las TIC, sino que también de la valoración de la ciencia con un sentido de identidad.
ResponderEliminarPor ejemplo, teniendo un patrimonio astronómico reconocido a nivel mundial, la astronomía se encuentra inserta vagamente dentro de los programas de estudio del MINEDUC. Las asignaturas de ciencias naturales y física incluyen contenidos de las ciencias físicas pero la astronomía, propiamente tal, es abordada sólo en algunos cursos de la etapa escolar: primero básico, tercero básico, séptimo básico y segundo medio.
Nos queda mucho por delante, para priorizar la valoración científica y la práctica... por sobre la teoría.